|
La naturaleza de las cosas
Dos mojes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron a un escorpión que se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso sobre la orilla. Durante el proceso fue picado. Volvió a lavar su tazón y el escorpión volvió a caer. El monje salvó al escorpión y fue picado nuevamente. El otro monje le preguntó, "Amigo, ¿Por qué continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es picar?"
El monje respondió, "Porque salvarlo es mi naturaleza".
No más preguntas
Al encontrarse a un maestro en un evento social, un psiquiatra decide hacerle una pregunta que tenía en mente. "¿Exactamente cómo ayudas a la gente?" inquirió.
"La llevo adonde no puede hacer más preguntas", contestó el maestro.
Aún vivo
El Emperador le preguntó al maestro Gudo,"¿Qué le sucede a un hombre iluminado luego de la muerte?"
"¿Cómo he de saberlo?" respondió Gudo.
"Porque eres un maestro", respondió el emperador.
"Sí señor", dijo Gudo, "pero no uno muerto."
Obsesionado
Dos monjes viajeros llegaron a un río donde encontraron a una joven mujer. Preocupada por la corriente, preguntó si la podían llevar al otro lado. Uno de los monjes dudó, pero el otro la levantó rápidamente sobre sus hombros, la llevó al otro lado del río, y la dejó en la orilla. Ella le dio las gracias y se alejó.
Cuando los monjes continuaron su camino, el primero estaba meditabundo y cabizbajo. Incapaz de mantenerse en silencio, habló. "¡Hermano, nuestro guía espiritual nos enseña a evitar cualquier contacto con mujeres, pero tu levantaste a aquella y la llevaste!"
"Hermano," replicó el segundo monje, "Yo la dejé del otro lado del río, mientras que tu todavía la estás cargando."
La práctica hace a la perfección
Un cantante de baladas dramáticas estudiaba con un estricto maestro que insistía en que ensayara día tras día, mes tras mes, el mismo pasaje de la misma canción, sin permitirle ir más adelante. Finalmente, lleno de frustración y desesperanza, el joven huyó para buscar otra profesión. Una noche, en una taberna, se encontró con un concurso de recitación. Sin nada que perder, entró a la competencia y, por supuesto, cantó ese pasaje que conocía tan bien. Cuando terminó, el organizador del concurso elogió su actuación. A pesar de las objeciones del avergonzado estudiante, el organizador se negó a creer que lo que acababa de oír era la actuación de un principiante. "Dime", dijo el organizador, "¿quién es tu instructor? Debe ser un gran maestro". El estudiante se hizo conocido más tarde como el gran intérprete Koshiji.
Graciela E. Prepelitchi
La felicidad es un bien que se multiplica al ser dividido.
|