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Escrito por Celeste
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22.03.2006 |
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"Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; Sávame por tu misericordia." (Salmos 6:4) Imagínate lo que sería quedarte encerrado en tu propia habitación. En primer lugar, ni te darÃas cuenta. Después de todo, es tu habitación; no habría razón alguna para pensar que hay un problema. Los muebles estarían allí, nítidamente arreglados. Tu cama estaría allí con la esperanza de ayudarte a seguir durmiendo. Tu ventana te seguiría ofreciendo la hermosa vista que ves cada día. En realidad no habría nada fuera de lo común. Pero cuando decides prepararse algo de comer. Apagas la televisión, sales de tu cama y te diriges a la puerta. Colocas tu mano en la perilla, e inmediatamente te sientes sobrecogido por el hecho de que la perilla está rota y la puerta no abre. Gritas por ayuda, pero no hay nadie en casa. Estás atrapado y lo peor es que nunca te diste cuenta que te encontrabas prisionero. Quizas esta sea una escena un tanto utópica, pero su aplicación trae una verdad bíblica: todas las personas, se den cuenta o no, están presas de su pecado. Cada uno está encerrado en su prisión privada. Hay tanta gente que se siente comoda en esa situación y no quieren saber que estan atrapadas. Es a ellos que tenemos que darles la buena nueva, que Jesús vino al mundo a libertar a los prisioneros. Es decir, El vino a libertar al hombre de las garras del pecado. Agradécele hoy por la gloriosa libertad que te ofrece, gracias a la cruz de Cristo.Él pagó el precio, El llevó el peso del castigo y por ello nos ha librado a ti y a mi. Que Dios te bendiga.
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Última modificación ( 02.06.2006 )
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